¿Puede un turista elegir hacer turismo regenerativo?

La regeneración no empieza cuando llega el visitante. Empieza mucho antes, en la relación entre turismo, territorio y comunidad.
¿Puede un turista elegir hacer turismo regenerativo?
Mi respuesta es: no, al menos no de la manera en que hoy algunas experiencias turísticas parecen plantearlo.
Un turista puede elegir una empresa, una experiencia, un destino o una forma distinta de viajar. Puede decidir consumir localmente, respetar los tiempos y las formas de vida de una comunidad, reducir sus residuos, cuidar el agua, no convertir un territorio en escenario para sus fotografías y, sobre todo, puede preguntarse qué hay detrás de aquello que está comprando.
Todo eso importa. Pero ninguna de esas decisiones, por sí sola, convierte una experiencia turística en regenerativa.
Es justamente aquí donde creo que estamos empezando a confundir las cosas. La regeneración no es una actividad que se agrega al viaje

Hoy podemos encontrar experiencias "Regenerativas" en las que el visitante planta un árbol, recoge basura de una playa, participa durante unas horas en una actividad comunitaria o colabora en la restauración de algún espacio.
Son acciones que pueden ser valiosas. De ello no tengo la menor duda y tampoco nada en contra de ellas. El problema surge cuando una actividad de este tipo se convierte en la prueba fiaciente de que estamos frente a un proyecto de turismo regenerativo. Porque entonces la regeneración corre el riesgo de convertirse en otro producto turístico.
Una experiencia más dentro de un catálogo: aquí comes, aquí duermes, aquí haces senderismo y aquí regeneras.
¿En serio, de verdad funciona así?
Si un proyecto turístico consume grandes cantidades de agua en un territorio con problemas de abastecimiento, compra la mayor parte de sus productos fuera de la comunidad, genera residuos que nadie sabe dónde terminan y concentra los beneficios económicos en unos cuantos actores, ¿esto seria suficiente o bastante con que sus visitantes planten cien árboles durante una mañana para llamarlo regenerativo?
Yo creo difinitivamente que no. Y la pregunta no debería ser solamente qué hace el turista durante dos horas. La pregunta tendría que ser ¿cómo ha operado el proyecto turístico desde su creacion hasta la actualiad?
La regeneración comienza antes del turista

Para mí, ahí está una de las diferencias fundamentales.
El turismo regenerativo no comienza cuando llega el visitante. Comienza mucho antes.
Comienza cuándo nos cuestionamos qué está pasando en ese territorio, qué se ha deteriorado, qué permanece vivo, qué necesita fortalecerse, qué quiere la comunidad y qué papel puede —o no puede— tener el turismo dentro de ese proceso.
No todo atractivo turi´stico o deficiencia de un territorio necesita turismo. Y esto también es importante decirlo.
Creemos que cualquier territorio puede convertirse en destino, que cualquier comunidad puede recibir visitantes y que cualquier recurso puede transformarse en atractivo.
La lógica regenerativa tendría que permitirnos hacernos una pregunta mucho más incómoda: ¿Este territorio realmente necesita turismo. Y si la respuesta es sí, entonces viene una segunda pregunta: ¿Qué tipo de turismo puede contribuir al proceso que ya existe en ese territorio sin terminar apropiándose de él?
Ahí comienza otra conversación.
¿Quién decide qué es regenerativo?.

Voy a hablar de algo que pocas veces se discute.
¿Quién tiene la autoridad para decir que un proyecto turístico es regenerativo?
¿La empresa?, ¿El consultor?, ¿La institución?, ¿El visitante?, ¿Un distintivo?, ¿Una certificación?, ¿O la propia comunidad y el territorio deberían tener una voz determinante en esa definición?
Porque si denuevo llegamos desde afuera con una metodología, un manual, una serie de indicadores y una etiqueta que dice "regenerativo", pero la comunidad solamente participa llenando formatos o siguiendo actividades previamente diseñadas desde un escritorio, quizá estamos repitiendo una vieja historia con un lenguaje "nuevo".
La regeneración del turísmo en todas sus expersiones o ramificaciones, no debería consistir en enseñarles a las comunidades cómo deben regenerar su territorio para que pueda ser visitado. Debería comenzar escuchando lo que el territorio ya está intentando hacer.
Existen comunidades que llevan décadas cuidando el agua, cultivando, conservando semillas, manteniendo conocimientos, organizándose, construyendo con materiales locales, recuperando su gastronomía o defendiendo sus bosques.
Muchas de esas actividades locales ya existían mucho antes de que apareciera la palabra "regenerativo". Entonces valdría la pena preguntarnos: ¿Estamos llegando a regenerar el territorio o estamos llegando a ponerle una etiqueta regenerativa a procesos que ya existían?.
El turista sí tiene una responsabilidad

Decir que el turista no puede convertir por sí mismo una experiencia regenerativa, no significa que no tenga responsabilidad.
La tiene. Puede elegir. Puede preguntar, investigar quién administra un proyecto, de dónde vienen sus productos, quién recibe los beneficios, cómo se relaciona con la comunidad y qué ocurre con sus residuos.
Podria decidir no consumir una experiencia que convierte la cultura local en espectáculo o folklor o también preferir un proyecto que tenga una relación más justa con el territorio.
Podría viajar con otra disposición: no llegar pensando que todo está ahí para él, sino comprendiendo que está entrando temporalmente en un lugar que ya tenía vida antes de su llegada y que continuará existiendo cuando se vaya.
Esa disposición también transforma la manera de viajar.
Hay una diferencia importante: es claro que el turista puede apoyar la regeneración turistica; ´más no puede cargar sobre sus hombros la responsabilidad de regenerar un proyecto turístico que fue mal diseñado desde su origen. Esa responsabilidad corresponde a quienes diseñan, administran, financian y toman decisiones sobre el proyecto.
Primero regeneramos, después hablamos de turismo regenerativo.
Antes de preguntarnos cómo atraer visitantes, deberíamos preguntarnos qué necesita el territorio, deberíamos conocer los procesos que ya existen antes de diseñar una experiencia, saber qué estamos tratando de regenerar antes de vender una actividad regenerativa.
Y más importante aún, antes de colocar la palabra "regenerativo" en una página de reservas, deberíamos poder responder algo muy sencillo: ¿Regenerativo para quién?.
Un proyecto podría ser muy rentable para una empresa turística y no ser necesariamente regenerativo para la comunidad, lo cual es peligroso.
Puede ser atractivo para el visitante y generar presión sobre los recursos locales, incluso generar empleo y al mismo tiempo desplazar otras actividades económicas, tambien promocionar una cultura y terminar convirtiéndola en una representación para turistas, o peor aún, podriá plantar árboles y continuar deteriorando otras partes del territorio.
La regeneración turística, entonces, no puede medirse solamente por lo que ocurre durante la experiencia del visitante. Tiene que observarse en las relaciones que el proyecto establece con el territorio a lo largo del tiempo.

Me preocupa que el turismo regenerativo termine siguiendo el mismo camino que muchas otras tendencias.
Primero aparece una preocupación legítima, después surge un concepto, luego llegan las empresas que lo convierten en producto. Así aparecen los paquetes turísticos, las experiencias, los distintivos, las fotografías y las campañas. Y finalmente terminamos vendiendo la regeneración como una experiencia más para consumir.
Sería muy lamentable y una contradicción enorme.
Porque si la regeneración turi´stica termina dependiendo de que lleguen turistas para existir, quizá tenemos que preguntarnos si estamos regenerando el territorio o simplemente creando una nueva forma de hacer turismo.
El turismo puede contribuir a procesos regenerativos, Puede aportar recursos, conectar personas, fortalecer economías locales, recuperar conocimientos, abrir mercados justos y generar encuentros que antes no existían.
Pero también puede hacer exactamente lo contrario. Por ello no basta con cambiarle el nombre o poner etiquetas nuevas.
Por lo consiguiente, ¿puede el turista elegir hacer turismo regenerativo?
Claro que puede elegir "viajar de otra manera", elegir proyectos que tengan una relación responsable y profunda con el territorio, apoyar procesos que ya están regenerando, aprender, escuchar y participar sin colocarse en el centro.
Pero el turismo regenerativo no debería depender de una elección hecha en una plataforma de reservas.
No es una casilla que el visitante marca. No es una actividad de dos horas. No es plantar un árbol para la fotografía. No es recoger basura para después decir que dejamos el lugar mejor de como lo encontramos.
La regeneración comienza mucho antes de que llegue el visitante y continúa mucho después de que se va.
Y quizá esa sea precisamente la diferencia que necesitamos recuperar: el turista puede participar en un proceso regenerativo, pero no es quien convierte un proyecto turístico en regenerativo.
Eso se decide en la manera en que concebimos nuestra relación con el territorio.
Y para mí, ahí está el verdadero desafío: primero regenerar; después, si el territorio lo necesita, hablar de turismo.
El territorio no debe de adaptarse al turismo, el turismo debe de adaptarse al terriotrio.

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